Tempus fugit, carpe diem

Entrometida en las semanas de festividades navideñas aparece la fiesta del Año Nuevo.

No es una festividad propiamente de origen religioso como podría suponerse y se origina en la cultura del antiguo y entonces naciente Imperio Romano.

Hasta el siglo II a.C. el año romano empezaba en marzo y tenía 10 meses.

Con ocasión de que los cónsules de la antigua Roma asumían su gobierno el día 1 de enero, Julio César «dictador y Pontifex Maximus» decretó una reforma en el calendario, asesorado por el griego Sosígenes de Alejandría, creando el llamado «Calendario Juliano» en el año 47 a.C. y dedicando el día 1 de enero y el mes incluso a Jano, «el dios de las entradas y los comienzos» divinidad que «tenía dos caras… una que miraba adelante y una que miraba atrás»

Esta fiesta era una manera de concluir también las llamadas «fiestas saturnales» que se iniciaban el 17 de diciembre e incluían en el 25 de diciembre el llamado «Natalis Solis Invicti» o sea, el nacimiento del Sol Invencible, que después del solsticio, se engrandecía en fuerza y claridad.

En esta semana, los campesinos y los esclavos podían aplazar el trabajo cotidiano.

Así, los romanos podían visitar a sus familiares y amigos con quienes intercambiaban regalos y tenían una gran comida.

El poeta romano Catulo, describió estas fiestas como «el mejor de los días» porque se caracterizaba por la abundancia de comida, alcohol y todos los excesos de esa época.

El caos y el bullicio se apoderaban de Roma, dejando a un lado «la razón y la sensatez» del resto del año. La inversión del «orden natural» de la época era celebrada en muchos aspectos de la vida diaria.

Se permitían, por ejemplo, las apuestas y los juegos de azar en las calles, ilegales en cualquier otro momento del año.
También los esclavos se convertían en iguales al resto de hombres, tenían permiso para vestir ropas de sus señores y ser atendidos por estos sin recibir ningún castigo.

Con el paso del tiempo, nunca mejor dicho, y en cuanto al calendario, el papa Gregorio XIII en el año 1582 d.C. hizo algunas correcciones al uso en el calendario actual.

Con la expansión de la cultura occidental al resto del mundo durante el siglo XX, el 1 e enero se convirtió en una fecha de carácter universal. Incluso en países que tenían sus propias y particulares celebraciones de Año Nuevo.

Desde entonces, la del Año Nuevo es uno de los principales festejos del planeta, y en muchos lugares suele iniciarse desde la noche del 31 de diciembre del año que termina. Grandes eventos se realizan en las principales ciudades durante la celebración.

Los nacionales se dedican, en el mejor de los casos, buenos deseos de paz, prosperidad, felicidad y buena fortuna para el nuevo año e invocan, según tradiciones y costumbres, algunas muy recientes, «la buena suerte» para el devenir del próximo futuro.

Así, «entrar con el pie derecho en casa del huésped«, «saltar desde una silla en medianoche«, «comer y usar cosas redondas», «arrojar contra el suelo o contra las puertas la vajilla usada en la cena», «vestir una ropa de determinado color» o bien «comer apresuradamente una uva al son de cada campanada» son algunos de las peculiares, imaginativas y simplistas acciones y gestos para invocar, no se sabe a quién, «la buena fortuna«

Fue el poeta latino Horacio quien acuñó la frase «Tempus fugit, carpe diem» refiriéndose a la velocidad en que transcurre el tiempo personal y a la necesidad ineludible y sensata de aprovechar cada momento.

Por una obvia evidencia y razón:

«Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos.» Salmos 90:10

«Cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece» Santiago 4:14

En la Biblia, se incide además en la advertencia y buen consejo de ser conscientes y sensatos de valorar de forma personal el paso del tiempo, «de nuestro efímero tránsito» y de administrarlo con sabiduría y provecho vista su brevedad

«Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría» Salmos 90:12

¿Cómo será el próximo año? ¿Qué previsiones tenemos? ¿Cuál será su discurrir y sus pautas? ¿Mejor? ¿Peor? Sin lugar a duda, las dos cosas.

¿Qué celebramos? En el mejor de los casos, haber llegado hasta aquí ¿y después?

Dejar de un lado a Dios, creamos o no en Él, es una manera insensata de administrar nuestra vida presente y futura.

Invocar a la fortuna o la buena suerte como fiables valedores de nuestro futuro una simpleza y una casi increíble credulidad.

«Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano» Isaías 55:6

Es nuestro mejor deseo para todos, en el nuevo año que por Su providencia nos permita hacer provisión de sensatez estas dos sugerentes invitaciones divinas:

«y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón» Jeremías 29:13

«Cercano está Jehová a todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras» Salmos 145:18

Deja un comentario